Tiempo de Lectura: 3 minutos

En Argentina todos los días, religiosamente a las 21 horas, se aplaude a los médicos y al personal de la salud a modo de agradecimiento por sus labores en el sistema sanitario.

Muy lindos los aplausos, muy emotivos. No importa si los días son cálidos o comienzan a refrescar producto del otoño, cada noche la ciudadanía se acerca a sus ventanas o balcones para aplaudir a aquellos que literalmente ponen su vida en riesgo por los valores que les inculcaron en su carrera, por vocación.

Hoy, en Argentina se discute el pluriempleo del personal de la salud porque quedó a la vista que un salario solo no alcanza. Parece que debido a este contexto sale a la luz que quienes deberían tener los mejores sueldos por cuidar de la salud de la población deben trabajar en más de una entidad para poder afrontar sus gastos, que trabajan tanto en el sistema público como en el privado y se les acusa de ser posibles agentes de contagio de Covid-19 por el simple hecho de tener que trabajar en diferentes lugares.

Laura Cortés, una médica dermatóloga que se volvió viral y llegó a los canales de noticias por escribir una carta abierta al presidente en su página de Facebook, manifestó “no querer más aplausos” y describió a los agentes de la salud como “esclavos desnudos expuestos en la arena de un circo romano” en un pedido de ayuda para aquellos que cuidan de la salud de todos. La falta de recursos es habitual en el sistema público, en algunos casos, las clínicas privadas corren mejor suerte. Sin embargo, en un mundo donde la demanda del mercado transformó en bienes escasos a todos los relacionados con el cuidado de los profesionales de la salud, donde los barbijos son prácticamente un bien de lujo y los camisolines hemorrepelentes escasean, cuidar a quienes nos cuidan es difícil.

Personalmente esta situación me toca muy de cerca (y me consta) que en un hospital privado los médicos que tratan pacientes con Covid-19 positivo utilizan dos barbijos pero, sorprendentemente, no es para cuidar a los médicos, es para cuidar el recurso “barbijo N95” que es caro y escasea. De esta forma, utilizan otro descartable arriba de estos y problema resuelto, extienden la vida del recurso.

aplausos

Uno puede comprender que con cualquier crisis económica hay que cuidar los recursos más que nunca pero ¿nadie piensa en el recurso humano? En ese médico o enfermero que se levanta cada día y va a cumplir con su guardia en el sistema de salud pensando en el bien común y rezando para no contagiarse por la falta de materiales para prevenir.

Esta coyuntura dejará en claro que debemos reformular, como sociedad, cuáles son nuestras prioridades. Cómo queremos construir un futuro y cómo se puede llegar al bien común basándonos en los valores que a todos nos enseñan nuestros padres de pequeños. El amor y el respeto al prójimo y la valoración de la vida deberán ser el motor que nos lleve a construir el mundo en el que queremos vivir, en el que queremos que nuestros hijos (o los de otros) crezcan y sean felices.

El sistema de salud argentino no necesita aplausos. Durante la pandemia necesita que la ciudadanía se quede en su casa para no tener que luchar contra un gigante que explote el sistema de salud y, sobre todo, necesita recursos para que la denominada primera línea de defensa contra el coronavirus no se enferme. Necesita de todos. De los individuos y del Estado. Y después ¿qué? Después habrá que recordar que cada uno de los actores del sistema de salud se expuso a contraer una enfermedad de la que todos hablan pero ni los profesionales de la sociedad científica pueden aún esbozar una vacuna con certeza y agradecer, a ellos por haberlo hecho y a la vida por permitirnos ser parte de una nueva era. El futuro parece haber llegado hace rato, quedará en cada uno de nosotros ser protagonista de los cambios que queremos reflejar en la sociedad.

Natalia Vivas

Comentarios de Facebook